ANITA RIBEIRO o ANITA GARIBALDI

Sobre Anita Garibaldi existen varias lagunas históricas. Una de ellas es la referente a sus datos de nacimiento e infancia. Solo se conoce que, Ana María de Jesús Ribeiro era apenas una niña de 14 años, cuando fue obligada, por su madre, a casarse con un zapatero llamado Manuel Duarte de Aguiar, en 1835, en la población de Laguna, ciudad que actualmente pertenece al Estado de Santa Catarina en Brasil.

La suerte que le esperaba a Anita era la de todas las mujeres del lugar, tener hijos y nietos, cuidar de su casa y de su descendencia, cocinar y atender a su marido y a su familia y ayudar en las múltiples tareas del esposo, pero en esa historia se cruzó un hombre que cambiaría su destino, el marinero, revolucionario italiano, internacionalista y francmason, Giuseppe Garibaldi. Por eso, la vida de los se confunde en una sola y es muy difícil hablar de uno sin hablar de los dos.

“Garibaldi nació en Niza, el 4 de Julio de 1807, hijo de marino, en su juventud siguió desde adolescente la vocación de su padre, realizando sus primeros viajes al Mar Negro. Toma contacto con el Socialismo de Saint Simon y, en 1833, se afilia a “Joven Italia”, la sociedad secreta fundada por José Mazzini. Ingresa a la marina de guerra donde difunde nuevas ideas entre los marinos, siendo descubierto y acusado de complot, debe huir y es condenado a muerte en ausencia. Se embarca en 1834, como segundo capitán en un barco que parte para Brasil.”

De Garibaldi dice Jorge Eduardo Arellano que “Fue el forjador de la unidad italiana y “Héroe de dos mundos”: del viejo y del Nuevo. Aquí, en América Latina, combatió por la República Farroupilha do Grande do Sul, por la República Catarinense de los 29 a los 34 años y por la defensa del Uruguay entre los 35 y 40 (el gobierno de Montevideo le confió la jefatura de su fuerza naval contra el sitio rosista encabezado por el Almirante Brown, un irlandés al servicio del gobierno de Buenos Aires).”

“Altruista, desprendido e intrépido, estuvo al servicio de la Humanidad (y de Italia en primer término), sin demostrar nunca interés pecuniario; por el contrario, su generosidad resultó perjudicial a sus intereses. Líder democrático en medio de las pautas brutales del capitalismo ascendente, concitó la admiración y la adhesión —citamos al uruguayo Carlos M. Rama— <porque representaba las ideas de las masas y porque era el portaestandarte de un sector revolucionario nacionalista>.”

Garibaldi conoció a Anita Ribeiro en 1839. Estaba en Laguna, recuperándose de un naufragio que costó la vida de más de 30 hombres y todavía sufría por la separación de Manuela, la sobrina del general Bento Goncalvez, comandante de la revolución, de quien estuvo enamorado. Pero había terminado dicha relación con aquella hermosa joven, porque descubrió que esa mujer fina y culta nunca sería una compañera apropiada para él que era un vagabundo empedernido y con un gran dolor se alejó de ella.

Un día, Giuseppe, miraba desde el barco y descubrió la figura de Anita en la playa. Luego se la encontró en la casa de un conocido. “El escribió: Era Anita! la madre de mis hijos! La compañera de mi vida, en los buenos y en los malos momentos! La mujer cuyo coraje tantas veces ambicioné. Estábamos los dos estáticos y silenciosos, mirándonos recíprocamente como dos personas que no se están viendo por primera vez, sino que están identificando en la fisonomía del otro cualquier detalle que despierte una vieja reminiscencia.” Y de inmediato, le propuso que debían juntarse por el resto de sus vidas, unión que se estableció desde ese momento y que solo la muerte lograría romper.

Anita, quien llevaba tres años de matrimonio, abandonó a su esposo para seguir a Giuseppe, con quien pasó diez años, combatiendo en varias revoluciones, al lado de su amado paladín de la libertad. Ella contrajo nuevas nupcias en una ceremonia arreglada, en donde su padre y una “falsa madre”, conseguida para dar mayor veracidad a este casamiento, declararon que era soltera.

Anita no sabia leer ni escribir, apenas si podía reseñar su nombre. Las pocas cartas que dirigió a su marido cuando estuvieron separados hablan estrictamente de aspectos relacionados con la lucha que afrontaban. Tampoco quedan documentos que la describan, aunque un poblador de Laguna, que la conoció señaló que era "una mujer alta, medianamente corpulenta, busto grande, ojos negros rasgados, cabellos negros y abundantes y rostro ligeramente moreno". Un sacerdote italiano la definió como "de personalidad simple, agitada y vivaz". Pero de lo que no queda ninguna duda es de que entendió muy bien la importancia de las luchas por la republica y contra los viejos regimenes monárquicos y colonialistas.

Estando metida de lleno en la lucha, quedó encinta y uno de esos días cayó presa en manos de los soldados imperiales, siendo informada de que Garibaldi había muerto en el combate. Ella no se convenció de aquella noticia y revisó uno por uno los 60 cadáveres que yacían en el campo de batalla. Al cerciorarse de que su marido no se encontraba entre los muertos, supo que su compañero había logrado fugarse e inventó una estratagema para poder huir, disfrazada de soldado imperial, y cabalgó durante 8 días, descansando en las noches para reencontrarse con Garibaldi a 100 kms. de distancia de su lugar de escape.

Luego de su feliz reencuentro con Garibaldi, su embarazo llegó a feliz término y dio a luz a su primer hijo, Menotti. Mientras Garibaldi buscaba ropa para el recién nacido, los enemigos atacaron el campamento y de nuevo le tocó huir a Anita con su pequeño hijo, con quien logró esconderse en la selva.

Con el fin de la revolución Farroupilha, Anita y Giuseppe se fueron a vivir a Montevideo en 1841, arribaron por tierra, arreando una tropa de ganado vacuno y montaron un pequeño almacén para su supervivencia. Pero al poco tiempo, Giuseppe acabó aceptando comandar una escuadra uruguaya y muy pronto asume como Jefe de la marina de guerra del Gobierno de la Defensa.” Garibaldi organizó y fue Jefe de la Legión Italiana de Montevideo.” Entre las varias operaciones que dirigió está la Batalla de San Antonio que se llevó a cabo el 8 de Febrero de 1846, (en Salto).

Anita se quedó en la ciudad para cuidar del pequeño hijo y pronto dio a luz a una segunda niña, que perdió a causa de un ataque de difteria, lo que le produjo un gran golpe afectivo, que la hizo incorporarse una vez más a las filas guerreras, aunque esta vez como enfermera.

“José Garibaldi fue iniciado Masón, en Montevideo, Uruguay, en agosto de 1844, en la Logia “Les Amis de la Patrie”, dependiente de la Gran Logia de Francia, según Trazados que guarda la Gran Logia de la Masonería del Uruguay, en su Archivo Histórico.”

Cuando Anita estaba en pleno proceso de restablecimiento por la pérdida de su pequeña hijita, Garibaldi resolvió volver a Italia, en donde crecía el sentimiento republicano y se desarrollaba la lucha por la unificación. Anita, aceptó viajar primero a Italia, en diciembre de 1847, para garantizar el buen recibimiento de Garibaldi. Llegó con tres niños al pueblo de Tiracolo, en donde fue homenajeada. En ese pueblo continuó siendo la madre cariñosa, la amante decidida y la combatiente audaz, esta vez por la República italiana.

En 1849, ante la derrota propinada por el ejército Francés, Garibaldi y Anita debieron refugiarse en San Marino. Estaba embarazada de su cuarto hijo cuando la república romana por la que tanto habían combatido, se rindió a los franceses. Garibaldi le pidió que se quedara descansando y recibiera tratamiento, pues estaba con fiebre y su embarazo no estaba nada bien. Pero anita no aceptó la propuesta e insistió en huir al lado de Garibaldi, cosa que hicieron de inmediato, llegando hasta una hacienda en Madriole, en la región de Ravena, en donde Anita no soportó más la dureza del escape, muriendo en brazos de su amante y compañero. Garibaldi fue aconsejado por algunos campesinos del lugar de que la dejase enterrada allí y que cuando terminara la guerra, volviera a llevarse sus restos. Diez años tardó en volver por los restos de su amada Anita.

En ese mismo año de 1849, Giuseppe, emigró a los Estados Unidos y hasta 1854 viajó por el mundo, llegando a Nicaragua, Perú y yendo hasta la China. El 14 de mayo de 1851, Garibaldi arribó al puerto de San Juan de Nicaragua, en donde permaneció 110 días: entre el 14 de mayo y el 2 de septiembre de 1851, fechas de su arribo a San Juan de Nicaragua (o Greytown) y partida del mismo puerto respectivamente. Llegó a dicho país y recorrió varias ciudades para una gestión de carácter comercial con un amigo suyo. “De acuerdo con la tradición oral, dice mucho también el hecho de que Garibaldi haya residido en tres casas de la ciudad gestora del liberalismo y centro difusor de la masonería nicaragüense en el siglo XIX. No en vano funcionaba allí, desde los años cuarenta de ese siglo, un Club Jacobino que ejercía influencia directa en la política de la época.”

“En 1860, emprende la “Campaña de los mil” a Sicilia. En la Batalla de Aspromonte, en 1862, es herido y hecho prisionero por el ejército de Piamonte. En 1867, se produce la derrota de Mentana y el 20 de Septiembre de 1870 las tropas italianas entran en Roma. Garibaldi excluido de la toma de Roma va en defensa de la 2º República Francesa, donde mantiene el frente de los Vosgos, durante la guerra Franco Prusiana, deteniendo a los alemanes en Dijon y Chatillon. Posteriormente, fue electo diputado de la Asamblea de Francia. En 1874 es electo diputado del parlamento italiano.”

El 2 de Junio de 1882, muere en la isla de Caprera, donde a su vejez se había retirado. En la madurez de sus últimos años, Garibaldi escribió sus memorias. Su prefacio es un resumen impactante de su azarosa existencia.

Garibaldi sobrevivió varios años a Anita, murió a los 75 años, después de haber contraído dos matrimonios más. “Cuando Mussolini decidió recuperar los restos de Anita y enterrarlos en Roma con honras militares, el nieto Ezio, propuso que los huesos de su abuela fuesen llevados a la isla Caprera, donde Garibaldi está sepultado”. Pero sobre esta versión existen dudas.

La vida de Anita Garibaldi como fue mas conocida, esta siendo rescatada del olvido de la historiografía tradicional, no solo en Brasil y Uruguay sino también en Italia y en Europa por las nuevas historiadoras feministas, como una mujer que trascendió los roles tradicionales y fue una consecuente luchadora por las mejores causas de la época en que le toco vivir.