ANTONIO JOSÉ DE SUCRE

EL HÉROE MAGNÁNIMO

Antonio José de Sucre nació en Cumaná, Venezuela, el 3 de febrero de 1795. hijo de don Vicente de Sucre y doña Manuela de Alcalá. Huérfano de madre a los 7 años, su padre, que era militar, le orientó a continuar la carrera de las armas. Fue así que recibió instrucción y estudió ingeniería militar en la Universidad de Caracas. Pero también era un apasionado lector de los pensadores liberales europeos y de los hechos de la Revolución Francesa.

Siendo todavía un niño se  incorporó a la lucha por la independencia, junto con toda su familia. Por su bravura y dotes militares, a los 17 años fue nombrado Comandante de Artillería y poco después formó parte del Estado Mayor de Francisco de Miranda, migrando a las Antillas tras la capitulación de éste. Pero en 1813 volvió a Venezuela en la expedición del general Mariño, peleó en múltiples batallas, al frente del Batallón Zapadores, mientras morían a manos de los realistas sus hermanos  Pedro, Vicente y Magdalena y otros 14 parientes cercanos suyos.

En 1815 peleó con el Cuerpo de Ingenieros en la defensa de Cartagena de Indias y luego de la derrota emigró a Haití. Trató de volver a su país y naufragó, siendo salvado por unos pescadores, luego de lo cual regresó a Venezuela e hizo las duras campañas de 1816 y 1817, siendo ascendido a General de Brigada en  1819. Poco después, Bolívar lo nombró Jefe del Estado Mayor y Ministro de Guerra y le encargó negociar con los españoles el Tratado de Regularización de la Guerra (1820).

Si hasta entonces había brillado por su talento militar, desde entonces empezó a brillar por su otra gran cualidad: su magnanimidad. Y es que este joven y brillante guerrero era también un destacado masón, formado en la escuela moral de la tolerancia, la benignidad y la generosidad humana. Fue así que incluyó en ese Tratado, escrito de su propia mano, frases y conceptos como éstos:

Deseando los Gobiernos de España y de Colombia manifestar al mundo el horror con que ven la guerra de exterminio que ha devastado hasta ahora estos territorios, convirtiéndolos en un teatro de sangre;... conforme a los principios más liberales y filantrópicos, ... han convenido y convienen en los siguientes artículos:

Artículo 2º Todo militar o dependiente de un ejército ... se conservará y guardará como prisionero y respetado conforme a su grado, hasta lograr su canje.

Artículo 4º Los militares o dependientes de un ejército, que se aprehendan heridos o enfermos ... no serán prisioneros de guerra, y tendrán libertad para restituirse a las banderas a que pertenezcan luego que se hayan restablecido.

Interesándose tan vivamente la humanidad en favor de estos desgraciados que se han sacrificado a su patria y a su gobierno, deberán ser tratados con doble consideración y respeto que los prisioneros de guerra y se les prestará por lo menos la misma asistencia, cuidados y alivios que a los heridos y enfermos del ejército que los tenga en su poder.

Artículo 7º Originándose esta guerra de la diferencia de opiniones;... los militares o empleados que ... hayan desertado de sus banderas ... no pueden ser castigados con pena capital. Lo mismo se entenderá con respecto a los conspiradores y desafectos de una y otra parte.

Artículo 11º Los habitantes de los pueblos ... serán altamente respetados, gozarán de una extensa y absoluta libertad y seguridad, sean cuales fueren o hayan sido sus opiniones, destinos, servicios y conducta, con respecto a las partes beligerantes.”

Con razón, Bolívar dijo que este tratado representaba "el más bello monumento a la piedad aplicada a la guerra".

Sucre era un genio de la guerra. En Popayán, en 1821, mediante maniobras hábiles salvó al ejército colombiano de una derrota segura. En el actual Ecuador, alternó triunfos y derrotas en sus intentos de subir de la Costa hacia la Sierra, pero luego cambió de táctica, avanzó por la Sierra Sur, usó la caballería argentina de Lavalle para derrotar a la caballería española en Riobamba, y luego alcanzó el espléndido triunfo de Pichincha, que le valió ser ascendido a General de División. En el Perú, organizó el ejército libertador desde sus cimientos, entrenando tropas, fabricando armas y uniformes, organizando hospitales y transportes, luego de lo cual fue a buscar a los españoles en la Sierra andina, donde primero arrasó con su caballería en las pampas de Junín y finalmente los derrotó en Ayacucho, con un ejército patriota que equivalía a poco más de la mitad del realista. En acto de justicia, el Congreso del Perú lo designó “Gran Mariscal de Ayacucho”.

Admirado de su genio y de sus virtudes, Bolívar dijo de él:

Sucre es caballero en todo, es la cabeza mejor organizada  de Colombia, es metódico y capaz de las más altas  concepciones. Es el mejor General de la República y el  primer hombre de Estado. Sus ideas son excelentes y fijas, su  moralidad ejemplar, grande y fuerte su alma.

Sabe persuadir y conducir a los hombres. .... A todo esto añadiré, que el gran Mariscal de Ayacucho  es valiente entre los valientes, leal entre los leales, amigo  de las leyes y no del despotismo, partidario del orden, enemigo  de la anarquía, y finalmente, un verdadero estandarte  del espíritu libre.

Pero este guerrero victorioso fue también el más noble y magnánimo de los triunfadores. Pese a que los realistas habían exterminado a casi toda su familia, fueron notables su generosidad y humanidad con los vencidos.

Tras el triunfo de Pichincha, dispuso que los oficiales realistas “conservarán sus armas, equipos y caballos y que aquellos que deseen pasar a España serán conducidos por cuenta del Gobierno de Colombia hasta La Habana. Tras la victoria de Ayacucho, se comprometió a respetar las vidas y propiedades  de los realistas y a transportar a costa de la República  a cuantos españoles quisieran regresar a su Patria.

En todos esos actos relucía su espíritu masónico, expresado en forma de piedad y fraternidad humana, y de búsqueda de progreso para los pueblos.

Mientras fue Intendente de Quito, creó el primer periódico republicano de esta ciudad, El Monitor, instaló en ella la Sociedad Económica y fundó la logia masónica Luz del Pichincha. Luego, estableció en Cuenca una Corte de Justicia y promovió la educación pública en el Azuay, elevando de 7 a 20 el número de escuelas.

También fue significativa su obra en la naciente República de Bolivia, de la que fue electo primer Presidente. Allí organizó  la hacienda pública y de la administración del país, nacionalizó los bienes de la Iglesia, se interesó en dar libertad a los esclavos, repartir tierras a los indios, y especialmente en promover la educación y la cultura. En 1826 decretó la creación de colegios de ciencias y artes, de institutos para huérfanos y huérfanas en todos los departamentos, así como el establecimiento de escuelas primarias en todos los cantones de la república. Paralelamente, creó la logia “Hiram” de La Paz, y redactó personalmente sus estatutos.

Así fue este guerrero admirable, libertador de pueblos y promotor de los Derechos Humanos.